MIURA, LA DECEPCIÓN

San Isidro, 25ª corrida. De los seis “miuras” fueron devueltos dos, 2º 5º, por manifiesta debilidad. Además, toda la corrida, excepto el 4º, estaba presentada a la antigua: mediaba los los quinientos kilos y algo. Para mayor abundamiento ofrecían unos pitones muy lejos del toro cornalón que hoy día gusta en Las Ventas. Conclusión: los toros-toristas han fracasado en Madrid, salvo contadas excepciones y las corrida de Rehuelga –encaste santacoloma- y Alcurrucén –Nuñez- que nunca se habían considerado toristas.

Peor aún, los dos toros que sustituyeron esta tarde a los titulares, uno de Buenavista y otro de El Ventorrillo –ambos encaste Domecq- tuvieron mucho trapío, eran de cuerna generosa y resultaron bravos. Con ellos, Eduardo Dávila Miura ofreció una desigual actuación, por debajo del “buenavista”, e hizo una buena faena al “ventorrillo”. Los del 7 no la quisieron ver, pero toreó de muleta a este último con temple, largura y delectación. Si hubiera matado a la primera habría merecido la oreja. Pero lo hizo a la segunda, de una buena estocada corta.

Rafaelillo y Rubén Pinar nada reseñable pudieron hacer con dos lotes infumables.

¿Cuándo se convencerán los toristas madrileños que el toro-torista que tanto les gusta es menos bravo, menos vigoroso y está peor presentado que el toro llamado comercial? Como dicen los mexicanos, ni modo.

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