MORUCHADA DE ADOLFO MARTÍN Y MAESTRÍA DE ANTONIO FERRERA

San Isidro, 24ª corrida. En este San Isidro, a los toros-toristas los ha vencido el toro bravo… que suele criarse en las llamadas ganaderías “comerciales”. Salvo la corrida de Rehuelga –los “santacolomas” nunca fueron considerados toristas- y dos excepciones en la corrida de Victorino, el resto era mejor para carne. Los de Adolfo Martín han sido los peores: bajos de raza, largos de malas ideas, feos de encornadura, han temido a los engaños y se han defendido. Eran intoreables.

Pero allí estaba Antonio Ferrera, que aguantó tela con su primero y dio una lección de toreo con su segundo. La plaza la respondió durante la segunda faena de muleta y se vino abajo porque mató de tres buenos pinchazos, una entera y dos descabellos. En otros tiempos, Las Ventas lo habría valorado más.

El resto del ganado también fue un asco. Convendremos que el segundo pasaba pero no embestía y, lógicamente, Juan Bautista no calentó a una plaza que solo admite el toreo bonito aunque no sea bueno. Y Manuel Escribano estuvo animoso y voluntarioso frente a dos bodrios inservibles.

Dos cuestiones. Una, ¿por qué la plaza exige poner los toros de largo al caballo cuando manifiestan, ya de salida, una mansedumbre abrumadora? Los aficionados puristas son de una estupidez ilimitada. Y dos: ¿por qué la plaza de Madrid no valora la ejecución de la estocada, deprecia la media estocada y solo se fija en la colocación del hierro? Hay que fastidiarse con la primera plaza del mundo.

Comments are closed