SIN BRAVURA NO HAY TOREO

San Isidro, 15ª corrida. La corrida de La Dehesilla (José Luis Pereda), desigual de hechuras y tipo, era impresionante, como todas las que se lidian en Madrid. Los toros tenían unos pitones enormes, destartalados se los llamaba antes, pero ahora son precisos si se aspira a que los veterinarios los aprueben en Las Ventas. Aún así, todos fueron protestados por los toristas, menos el 6º, un elefante con 610 kilos y más cuernos que un ciervo. Por desgracia, a todos les faltó bravura, y aunque eran nobles, tomaban los engaños con la cara por las nubes, o se quedaban cortos, o salían de los pases mirando a la andanada. Así no puede haber toreo, pero Morenito de Aranda, Iván Fandiño y Gonzalo Caballero se jugaron la vida de verdad rodeados por la rechifla del 7, la indiferencia de los espectadores de paso y la sana adhesión de los aficionados. Extraña plaza la de Las Ventas, sólo sabe comportarse ante los paradigmas de toreo, trapío y bravura. La corrida media, la que exige analizar matices, no la sabe ver. Por eso se ha convertido en la plaza más antipática del mundo.

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