[:es]UNA FAENA PARA LA ETERNIDAD[:fr]UNE FAENA POUR L’ÉTERNITÉ[:]

[:es]

Sangriento ha llegado el mes de julio. En su primer domingo, el diestro francés Thomas Cerqueira caía en Mauguio, gravísimamente herido, con la vena y la arteria femoral seccionadas por el certero derrote de un toro de los Hermanos Jalabert. Mientras, en Madrid, los novilleros Juan Miguel y Andy Younes tenían que visitar la enfermería, el primero con dos cornadas, una de ellas de gravedad en el cuello, y el segundo, con un severo traumatismo craneoencefálico y un puntazo en la tibia.

Esperemos que cambien los designios ahora que estamos a la espera de que suene el chupinazo sanferminero y nos adentremos en el desenfrenado bullicio de encierros y corridas en la Pamplona de 2017, que a buen seguro dará juego y mucha tela que cortar. Sin embargo, metido en estas fechas, he preferido hoy asomarme al balcón de los recuerdos para memorar una faena de las que el tiempo instala por encima de la historia.

Ocurrió en Las Ventas el 6 de julio de 1944. Va a hacer, por tanto, setenta y tres años de su acontecimiento. La firmó Manolete y para algunos fue la mejor faena de su vida. Sin duda, la mejor que realizó ante la cátedra madrileña. Ese día –corrida de la Prensa– se anunciaban toros de Alipio Pérez Tabernero, para El Estudiante, Juanito Belmonte y Manolete. Y quiso el destino, que el último de la suelta fuera protestado y devuelto a los corrales, saliendo en su lugar un sobrero de la ganadería portuguesa de Pinto Barreiro. Un toro que ha pasado a la historia con un nombre –“Ratón”– que no era el suyo, pues en realidad se llamaba “Centella” y era hijo de una vaca homónima y del semental “Interrogado”. No obstante, vamos a seguir llamándolo como es generalmente conocido. “Ratón” estaba marcado con el número 242, tenía 446 kilos de peso y en su conformación evidenciaba su ascendencia de Gamero Cívico.

Algo tenía el toro que no le pasó desapercibido a Camará, quien, luciendo sus dotes de veedor excepcional, consiguió que de segundo sobrero pasara a primero previendo lo que podía ocurrir con el segundo toro de Manolete. También cantó su calidad en el percal manoletino, pues Manuel –“¡Ay el día que yo pueda brindarle un toro a Madrid!”– alzó su montera en brindis y dedicó su faena al respetable. ¡Y qué faena! En ella aglutinó Manolete las virtudes del estilista que no mata y la del estoqueador que no torea; la del torero estético que no domina y la del dominador que no es armonioso. Todo lo fundió en su personalidad única alzada sobre el pedestal de su valor inquebrantable. Fue la obra cumbre de un torero excepcional; esto es: una excepcionalidad al cuadrado. “Nunca nadie ha toreado así”, salía diciendo la gente de la plaza, con los ojos llenos del asombro vivido. La gente común y los profesionales y los viejos aficionados, muchos de los cuales habían sido atraídos por el imán manoletino para volver a ocupar su puesto en el tendido después de años de no pisar las plazas.

Mientras, impertérrito, el malva y oro de Manolete se pasaba la mole de “Ratón” a escasos centímetros de su cintura, ya magnificando el natural –pese a que el toro le embestía con el pitón de fuera–, ya ligando los derechazos con una verticalidad que ponía la vista en los tendidos con un alarde de dominio que aún exaltaba más el manicomio del graderío, del que llovían sombreros, flores, bolsos y ropa de vestir para sembrar el ruedo con la flora gentil del entusiasmo. Nunca se ha toreado así, cantaban mentideros y tertulias. Y Manolete en la cúspide, indómito e imparable en su arte como lo es el discurrir del tiempo. Asombroso, inenarrable, único. Tenía que rubricar la obra y lo hizo yéndose detrás de la espada como un Almanzor de la tauromaquia. Pese a la estocada, hubo de utilizar una vez el verduguillo; pero la locura estaba desatada. Unos dicen que cortó una oreja; otros, que dos. Lo cierto es que la faena fue de esas que no hay trofeos para premiarla. Sólo el tiempo, vencido ante su recuerdo, le hace auténtica justicia. Yo la rememoro ahora, pero dentro de un siglo, otro la seguirá rememorando y así, por los tiempos de los tiempos, porque la faena de Manolete a “Ratón” fue una obra para la eternidad.

[:fr]

Sanglant est ce mois de juillet. Le premier dimanche,  le torero français Thomas Cerqueira tombait à Mauguio, très gravement blessé, avec la veine et l’artère fémorale sectionnées par un coup de corne d’un toro des frères Jalabert. Pendant ce temps, à Madrid, les novilleros Juan Miguel et Andy Younes étaient contraints de passer à l’infirmerie, le premier avec deux coups de corne, l’un d’eux grave au cou, et le second avec un sévère traumatisme cranio encéphaliquen et un léger coup de corne au tibia. Souhaitons que lorsque se déclencheront les hostilités à Pampelune avec ce rythme effrené d’encierros et de corridas la roue tournera.

Cependant, au coeur de ces festivités, j’ai préféré me pencher au balcon des souvenirs pour me rappeler d’une faena que le temps installe par dessus l’histoire.

Elle se produisit à Las Ventas le 6 juillet 1944. Elle fut signée Manolete et pour certains ce fut la meilleure faena de sa vie. Probablement, la meilleure qu’il ait réalisée à Madrid. Ce jour-là, Corrida de la Presse, on annonçait des toros d’Alipio Pérez Tabernero pour El Estudiante, Juanito Belmonte et Manolete. Et le destin voulut que le dernier du lot de toros fur protesté et rendu aux corrals, sortant à sa place un toro de l’élevage portugais de Pinto Barreiro. Un toro qui est rentré dans l’histoire avec un nom –« Ratón »- qui n’était pas le sien, car en réalité il portait le nom de « Centella » et était le fils d’une vache homonyme et de l’étalon « Interrogado ». Cependant, nous continuerons à l’appeler comme il resté pour l’histoire. « Ratón était marqué avec le nº242, il pesait 446 kilos et sa morphologie révélait sa souche Gamero Cívico. Le toro avait sans doute quelque chose qui n’était pas passée inaperçue pa Camará, qui montrant ses talents exceptionnels de veedor de toros, parvint à ce qu’il fut non pas second sobrero mais premier prévoyant ce qui finalement se produisit au deuxième toro de Manolete. On constata la qualité du toro à la cape de Manolete, « Ah, le jour où je pourrais brinder un toro aux arènes de Madrid ! » avait-il déclaré, et Manuel hissa sa montera pour le brindis et offrit sa faena aux spectateurs. Et quelle faena ! En elle Manolete agglutina les vertus du styliste qui ne tue pas et du spécialiste de la mise à mort qui ne torée pas ; celle du torero esthétique qui ne domine pas et celle du dominateur manquant d’harmonie. Tout s’était fondu dans sa personnalité unique hissée sur le piédestal de son courage indubitable. Ce fut l’oeuvre majeure d’un torero exceptionnel ; autrement dit : l’exceptionnel multiplié au carré. « Personne n’a jamais toréé ainsi », disaient les gens en sortant des arènes, avec les yeux marqués par ce qu’ils venaient de vivre. Le public lambda, les professionnels et les vieux aficionados, bon nombre desquels avaient été attirés par l’aimant de Manolete pour revenir dans les arènes après des années d’absence.

Impassible, le mauve et or de Manolete faisait passer le corps de « Ratón » à quelques centimètres à peine de sa ceinture, il avait magnifié la naturelle –même si le toro chargeait avec la corne vers l’extérieur- et enchaînait les droitières avec verticalité en dévisageant les gradins dans un étalage de sa dominition, ce qui rendait le public encore plus fou, et il pleuvait des chapeaux, des fleurs, des sacs et des vêtements pour semer l’arène avec cette flore gentille émanant de l’enthousiasme. On n’avait jamais toréé ainsi, disait-on partout. Et Manolete au sommet, indomptable et imparable artistiquement et pour toujours. Etonnant, impossible à raconter, unique. Il se devait de finir son oeuvre se lançant avec l’épée tel un Almanzor de la tauromachie. Malgré l’estocade, il dut faire usage du descabello, ce qui n’empêcha pas l’explosion du public. Certains disent qu’il coupa une oreille ; d’autres deux. Ce qui est certain c’est que ce fut une de ces faenas dont on manque de trophées pour les récompenser. Uniquement le temps, vaincu devant son souvenir, lui rend justice. Je la remémore aujourd’hui mais d’autres dans un siècle le feront aussi et plus tard encore, car la faena de Manolete à Ratón fut une oeuvre pour l’éternité.

[:]

Les commentaires sont fermés.