GRAN CORRIDA DE VICTORINO Y TRES GRANDES TOREROS

Bilbao, 4ª corrida. Los “victorinos” habían sido muy bravos siete días antes, en Ciudad Real, y nos mostraron a un Daniel Luque excepcional, en Bilbao confirmaron la gran valía de Diego Urdiales, Manuel Escribano y Paco Ureña. El primer toro –una alimaña- nos regaló a un Urdiales lidiador y señero. El segundo –correoso, a la defensiva-, a un Escribano con valor y maestría. El tercero –áspero, con genio-, a un Ureña demiurgo, que logró acoplar su purísimo toreo a un toro indomeñable.

El cuarto –bravo, pero sin humillar-, a un Urdiales de magistral destreza y una dicción torerísima, de superclase fuera de lo común. El quinto –probablemente el toro de la feria-, a un Escribano estelar, valeroso capeador, impresionante banderillero, templadísimo muletero y contundente matador. (Su labor se vio demeritada por el cretinismo del presidente, que le negó la segunda oreja). Y al sexto Victorino, que apuntaba clase, no lo vimos porque tan cerril autoridad lo devolvió a los corrales por perder las manos y caerse, sin terner en cuenta que algunos de sus hermanos habían hecho lo mismo y luego se vinieron arriba en banderillas. Lo sustituyó un toro de Salvador Domecq, malo, que no hizo honor a su estirpe.

Conclusión: Gran tarde de toros opacada por el palco presidencial. El arte de cargarse una feria es una tarea en la que el presidente lleva varios años triunfando. No entiendo por qué sigue en el Palco.

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