GRAN FAENA DE PONCE EN UNA TARDE CON MUCHO ARGUMENTO

Bilbao, 6ª corrida. La inteligencia y la violencia, el temple y la aspereza, el valor y la rabieta, así fueron Enrique Ponce y su segundo toro de Victoriano del Rio, exactamente como es la dialéctica del torero y el toro, lo que el público quiere ver en los ruedos. La inteligencia de Ponce fue así: clarividente elección de los terrenos de torear, la altura en la presentación del engaño y como éste se iba adueñando del toro a medida que el toreo vaciaba las embestidas por abajo, la paulatina lentitud de los pases según sometía el genio del animal, el tempo sabio, lento, elegantísimo con que midió su motor, pase a pase, serie a serie, y la gran estocada final, cuando ya había vaciado al toro de bravura. Magistral. Dos orejas incontestables.

También me emocionó la virginal pureza técnica de Cayetano, su valor desnudo, su raza de torero, virtudes que le valieron para torear despacio, con admirable trazo. Si mata a la primera le corta la oreja. Su segundo toro fue un asesino y el nieto de Ordóñez se justificó. En el tercio de banderillas, Cayetano ofreció a sus banderilleros los palos con la bandera española, lo que provocó una polémica en el tendido, bien resuelta por Iván García y Zayas con tres pares monumentales.

Cerró plaza Ginés Marín, que hizo en el sexto toro el toreo más puro de la tarde. O sea, toreo de mano baja, largo trazo y ceñida ejecución. ¿Su mérito? Torear a un toro uraño y avispado como si fuera bueno. Aquí hay torero, un próximo figurón.

Los de Victoriano del Rio no me gustaron, mansurrones, correosos, con más genio defensivo que casta ofensiva. Pero en el ruedo había tres toreros muy buenos y la tarde fue gloriosa.

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