ATENCIÓN A FORTES

Después de la extraordinaria faena al toro de Victorino en la feria de Málaga, la pasada semana he tenido la suerte de ver a Jiménez Fortes en Borox e Illescas, y en ambas ocasiones –más nueces que ruido– he podido constatar la positiva evolución de su toreo y estética.

Del valor de Fortes –torero calado reiteradas veces con partes certificados de gravísimos– no cabe la menor duda. Y en estas últimas actuaciones podemos dar fe de que sigue fiel a su concepto valeroso e incluso temerario, como base sobre la que desarrollar su técnica y su arte.

Han leído bien: su arte. Porque en esta nueva faceta de su tauromaquia, su valor natural se reposa en un temple exquisito que nutre de plasticidad a una figura llena de armonía que, a su vez, mete el toreo de muleta por unos derroteros altamente artísticos. No sólo es la belleza de la autenticidad, ese fogonazo ético que nimba su toreo-verdad; sino también la autenticidad de su belleza, la que le imprime la hondura, el sosiego, el empaque y lo armonioso del trazo cuando le salen los muletazos como él los siente. Los mismos que adereza componiendo la figura con una elegancia impensable en él unos años antes.

Ya el año pasado hizo sonar con fuerza la aldaba del toreo en aquella corrida picassiana de Málaga. Ese día dio un nivel muy superior a lo que nos tenía acostumbrado. De hecho, tampoco se volvió a prodigar en esas cotas por las actuaciones que vinieron después. Y llegó la feria de Málaga de este año. Y volvió Fortes a reeditar el aldabonazo del año pasado cuajando de pitón a rabo un magnífico toro de Victorino Martín; uno de esos toros cuya calidad exige al torero que demuestre tenerla, pues de lo contrario, es de esos que “hacen daño” cuando en los mentideros se dice “sí, pero no estuvo a la altura de la calidad del toro.”

Fortes sí tuvo la calidad exigida. Y la sacó de su chistera de buen torero. Y la mostró con ambas manos. Particularmente, con la zurda, dejando un par de tandas para el recuerdo. Una de ellas, desmayada la figura, pero sin perder el empaque, fue un monumento al pase natural. Monumentos que han sido repetidos en otras plazas, porque, a diferencia de lo que ocurriera el pasado año, en éste parece Fortes haberle cogido el sitio a ese toreo nuevo que agranda su dimensión y que, en cuanto le permita un toro hacerlo en una plaza de la importancia de Madrid o Sevilla, le cambia el rumbo de su vida.

Ahora debe conformarse con hacer el paseíllo dentro de los cosos del circuito secundario. Ahí lo esperan las plazas de Barbastro, Pozuelo de Alarcón, Aranda de Duero, Parla y Bargas, en este mes de septiembre, para que siga ratificando lo que le vimos en Borox e Illescas. Eso sí, también hace falta –torero sin suerte en los sorteos– que lo respeten los toros y no surja el percance que venga a interrumpir esa racha ascendente por la que atraviesa. Ya el domingo le dio un toro un susto en Motilla del Palancar, aunque afortunadamente todo quedó ahí, pero un torero con tanta verdad y pundonor está siempre expuesto a que le quiten los pies del suelo. Esperemos que la diosa Fortuna no le vuelva la espalda. En cualquier caso, a este Fortes de hoy da gusto verlo torear. Si tienen ocasión, compruébenlo. No se arrepentirán.

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