ANTONIO LUCAS

Es poeta y periodista. Escribe de cultura y opina de política desde las páginas del diario ‘El Mundo’, donde cuenta con una columna semanal titulada “Cabo suelto”. Además, como hemos señalado, es, en todo el sentido de la palabra, poeta. Esto último significa que para él la poesía no es un traje para ponerse en determinados momentos, sino una forma de vivir. En eso, el poeta (auténtico) coincide con el torero, pues, aunque éste tenga uniforme propio y salga con sus galas a la plaza para exponer su vida, su arte y su afición, el toreo no es sino una forma de vida, una concepción del mundo que atrapa a llamados y elegidos dejándoles una huella sutil y perdurable mientras como hombres alientan.

Antonio Lucas, este madrileño de 41 años que, además de vivir a caballo entre el periódico y la poesía, ama al jazz y se deja desangrar en la profunda herida del flamenco, hace de la cultura, según sus palabras, “una toma de tierra”, como esas que nos protegen la vida de la súbita descarga de una corriente eléctrica. Más aún, para él la cultura es la mejor toma de tierra de una sociedad; la que nos permite entender mejor los asuntos ajenos y palpar con más acierto los propios. Y no sólo eso: la considera el mejor antídoto contra el fanatismo y la estupidez que parecen invadirnos.

Prestigiado por sus premios de poesía y avalado por su amor y respeto a las palabras, Lucas fue elegido este año como director de la novena edición del acreditado Festival Eñe, que anualmente organizan La Fábrica, el Círculo de Bellas Artes, la Fundación Loewe y el Instituto Cervantes; Festival que propicia, sobre todo, una serie de encuentros en torno al debate intelectual de nuestro tiempo. En esta ocasión, han participado en él figuras de la talla de José Manuel Caballero Bonald –galardonado con el Primer Premio Festival Eñe, para reconocer su sobresaliente obra y trayectoria–, Javier Marías, Arturo Pérez-Reverte, Agustín Díaz Yanes, Félix de Azúa, Javier Cercas, Manuel Vicent o Raúl del Pozo, entre otros. Pero lo más importante –al menos para los que nos consideramos defensores de la fiesta de los toros– es que Antonio Lucas ha querido traspasar los límites meramente literarios del festival abriéndolo a otros territorios culturales como la Tauromaquia.

Sobre ella, han disertado el escritor mexicano, columnista de ‘El País’ y en sus tiempos mozos novillero, Jorge F. Hernández, y el matador de toros Luis Francisco Esplá. A nadie se le escapa que la inclusión del toreo en el Festival Eñe supone un reconocimiento cultural tal, que en los tiempos que corren debe sabernos a gloria. Es por esto que este escrito haya que entenderlo como un testimonio de agradecimiento a la persona “capaz de soñar con todo aquello que se le pone al alcance de los sueños”, y que ha mostrado la firmeza de sus certezas, sacudiéndose posibles complejos y hueros prejuicios, para incluir el toreo en tan prestigioso evento cultural.

Sea este reconocimiento una flor que nos mitigue con su aroma a cultura la espina –hoy día más lacerante con la proclamación unilateral de independencia en Cataluña–, que la intransigencia separatista catalana nos dejó clavada con sus primeros pasos inconstitucionales al prohibir la fiesta de los toros en una región taurina por los cuatro costados como es Cataluña. Ojalá que al restituir la legalidad, podamos volver a oír los clarines en las plazas catalanas.

En cualquier caso, mil gracias a Antonio Lucas y que su sensible vena poética siga asistida por la nobleza de su corazón libre.

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