[:es]EL PIPO[:]

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Tal día como hoy –15 de noviembre– hace treinta años, fallecía en el Instituto de Ciencias Neurológicas de Madrid el carismático hombre de negocios taurinos Rafael Sánchez, El Pipo, víctima de una enfermedad hepática. Le faltaban tres días para cumplir 75 años.

El Pipo, privilegiado ojo de águila para los negocios –particularmente en el ramo de la marisquería, en el que se haría rico–, desde temprana edad no perdió oportunidad de ganar dinero aprovecho las circunstancias ventajosas que él sabía sacar incluso de situaciones tan adversas como la propia Guerra Civil. Su afición a los toros –truncada en lo práctico por el férreo dogal paterno–, unida a su corazón generoso, le llevó a dilapidar su fortuna siguiendo a Manolete, del que fue amigo y furibundo partidario en sus años mozos. Su buena relación con Camará le posibilitó su incursión en el negocio taurino, mundillo en el que ejerció esporádicamente como empresario para luego centrarse en el campo del apoderamiento, donde comenzó llevo a toreros como Capetillo o José Ramón Tirado, lo que mucho más tarde haría con José Fuentes y Paco Pallarés o finalmente con Curro Vázquez, entre otros.

Sin embargo, con lo que El Pipo ha pasado a la historia de la Fiesta es como descubridor y promotor de uno de los grandes fenómenos del toreo de todas las épocas: Manuel Benítez, El Cordobés, al que lanzó a la fama tras no pocas peripecias que pondrían a prueba su fabuloso ingenio propagandístico. Entre triunfos, fracasos, fiestas, paellas, donativos y toda la gramática parda que había logrado atesorar en su perenne condición de buscavida, consiguió elevar al puesto cimero de la fama al que, en un principio, no pasaba de patán a los ojos de taurinos y profesionales del toreo. Cuentan que, al término de una de sus primeras novilladas, le dijo Camará: “Rafael no se te ocurra sacar a éste de las plazas de carros, porque te van a matar a ti y a él.” Eso lo decía quien, años más tarde, removería hasta el cielo de las altas instancias del Estado tratando de buscar una recomendación que le permitiera apoderarle.

Que El Cordobés era un diamante, no lo niega nadie; pero tan en bruto que sólo un olfato tan perspicaz y osado como el de El Pipo fue capaz de vislumbrar la gema que se ocultaba bajo lo desmañado, tosco y soez de sus maneras. Él supo hallar la luz donde el resto no alcanzaba a ver más allá de las tinieblas de un revoltijo de volteretas, quebrantos y mantazos. Supo, además, crearle una imagen –primero, el torero de los pobres; luego, el valiente que tenía “cita con la muerte” cada vez que se vestía de luces–, adobada con certeros slogans publicitarios que lo llevaron, ya de novillero y en el escaso tiempo que el tándem Cordobés- Pipo duró sin romperse, a cobrar más que las figuras del toreo de entonces.

Bohemio de pura cepa, don Rafael Sánchez –haciendo bueno el dicho de genio y figura…–, burló la vigilancia de sus hijas y del personal sanitario para huir del hospital, tres días antes del fatal desenlace, y hospedarse en un hotel de Madrid donde veinticuatro horas más tarde fue localizado por sus familiares. Sus restos –postrer paseíllo a hombros bajo arcos de Mezquita– reposan en el cementerio de Nuestra Señora de la Salud en la Sultana de Andalucía.

De la falta de taurinos de esa talla, adolece y mucho la Fiesta de hoy.

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Un jour tel qu’aujourd’hui -15 novembre- d’il y a trente ans, décédait à l’Institut des Sciences Neurologiques de Madrid le charismatique homme d’affaires taurin Rafael Sánchez, El Pipo, victime d’une maladie hépatique. Il lui manquait trois jours pour avoir 75 ans.

El Pipo, œil privilégié d’aigle pour le business –tout particulièrement dans la branche des fruits de mer, où il deviendrait riche- depuis son plus jeune âge il ne manqua pas une opportunité pour gagner de l’argent en tirant profit des circonstances avantageuses comme lui seul savait le faire même dans des circonstances aussi adverses comme la Guerre Civile. Sa passion pour la corrida –tronquée du point de vue pratique par la rigide raideur paternelle- associée à la générosité de son cœur, l’amenèrent à dilapider sa fortune en suivant Manolete, dont il fut l’ami et un partisan furibond dans sa jeunesse. Sa bonne relation avec Camará lui permit de se glisser dans le monde taurin, un univers où il fut sporadiquement organisateur pour ensuite se consacrer au travail d’apoderado, où il débuta en prenant en charge des toreros comme Capetillo ou José Ramón Tirado, ce qu’il ferait après bien plus tard avec José Fuentes et Paco Pallarés ou finalement avec Curro Vázquez, entre autres.

Cependant, il fait partie de l’histoire de la corrida comme celui qui avait découvert et comme promoteur d’un des plus gros phénomènes de la tauromachie, Manuel Benítez, El Cordobés, qu’il rendit célèbre après bien des péripéties qui mettraient au défi sa fabuleuse ingéniosité de promotion. Avec ses triomphes, échecs, fêtes, paellas, donations et toute cette vista qu’il avait réussit à acquérir dans sa pérenne condition de battant, il réussit à élever aux plus hauts sommets de la renommée celui qui en principe n’était qu’un pantin pour bon nombre de taurins et de professionnels de la tauromachie. On raconte qu’à l’issue de l’une de ses premières novilladas, Camará lui dit : « Ne t’avise de sortir ce toreros des arènes démontables, sinon ils te tueront, toi et lui ». On disait ce genre de choses sur lui mais des années plus tard on chercherait à n’importe quel prix, auprès de toutes les instances, se faire représenter par lui.

Que le Cordobés était un diamant, personne ne le nie, mais un diamant si brut que seul le flair si perspicace et avisé de El Pipo fut capable de déceler la pierre qu’il occultait sous des manières vulgaires et rustres. Il sut trouver la lumière où le reste du monde ne voyait qu’ombres, culbutes, écarts et passes lourdes.  En plus, il sut lui créer une image –d’abord, celle du torero des pauvres ; ensuite celle du vaillant qui avait « rendez-vous avec la mort » chaque fois qu’il portait l’habit de lumières- adoubée de slogans publicitaires porteurs qui lui permirent, déjà en tant que novillero, et au cours du bref laps de temps où le tandem Cordobés-Pipo dura, de gagner bien plus que toutes les autres figuras de la tauromachie d’alors.

Bohème véritable, don Rafael Sánchez –qui justifia le dicton de « genio y figura »- qui réussit à déjouer la vigilance de ses filles et du personnel sanitaire pour fuir de l’hôpital, trois jours avant l’issue fatale, et se loger dans un hôtel de Madrid où vingt-quatre plus tard il fut localisé par les membres de sa famille. Sa dépouille –après un posthume paseo sous les arcs de la Mezquita- repose au cimetière de Nuestra Señora de la Salud dans La Sultana d’Andalousie.

La corrida d’aujourd’hui manque de taurins de son envergure.

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