VALENCIA. 4ª CORRIDA DE FALLAS. ROCA-REY ROMPE LA FERIA

Llegar y vencer. Eso hacían algunas, poquísimas, figuras de antaño. Roca-Rey es una máxima figura de hogaño. Llegó a Valencia y para empezar venció. Con impronta de figura, con un valor absoluto asistido por un toreo de excepción. Y con un toro de bravura excepciomal. La suerte del campeón.

Veamos. El toro era bravo, pronto, codicioso, pero él le impuso un toreo inverosimil, lo toreó como nadie podía imaginar. Con aguante asfixiante, con mando de látigo y seda, con la cabeza fria y el corazón ardiente, con autoridad e inspiración, con un toreo irreal, que rompió la geometría de la tauromaquia: por ahí no puede pasar un toro, así, tanto, no puede obedecer un toro, ni hacer que la embestida haga “ochos” ligados, la testuz imantada a la tela, repitiendo sus largos viajes por uno y otro pitón sin ruptura de la continuidad, algo irrazonable, irrealizable y, por tanto, sublime. Sucedió en el centro de la faena de Andrés a un toro poco picado, de embestida vertiginosa y envuelta por el viento. Por eso antes lo había toreado rápido y con la mano muy baja, para dominar al bravo de Núñez del Cuvillo y a Eolo, que no quiso perderse la tarde. Pero después lo hizo por naturales, largos, de mano más baja todavía, con un temple líquido que se impuso a la bravura y al huracán. Luego mató citando en corto, tirándose por derecho, con un toque en el centro del viaje de la espada que obligó al toro a descubrir el sitio de la muerte. Fue una estocada heorica y magistral. Catártica. Cayeron las dos orejas. Pero si el presidente hubiera sido un aficionado habría ordenado que dieran la vuelta al toro.

Por lo demás, la corrida fue magnífica. Manzanares se impuso con elegancia y maestría al viento y a dos toros con mucho que torear. Y los mató como él sabe. Es el mejor estoqueador, el más largo de todo el escalafón. Cortó una oreja a su primero y el público debió pedir otra de su segundo. Cero en afición al cónclave, que se portó aún peor con Castella. Pues si solo cumplió con su soso y endeble primer toro, a su segundo le impuso un temple deslumbrante, lentísimo, el más cadencioso de toda la feria, impregnado de una delectación que la plaza no supo saborear. Está visto que la nueva afición valenciana solo sucumbe ante el arrebato. El buen toreo no lo sabe leer ni sentir. Las cosas como son.Al encierro de Núñez del Cuvillo se le pueden poner sus peros. Las fuerzas justas, un trapío más de kilos que de fondo, más carne que musculatura… pero sin viento los tres toreros habrían salido por la puerta grande. De modo que a callar.

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