VALENCIA. 5ª CORRIDA DE FALLAS. ARTE Y MAESTRÍA DE ENRIQUE PONCE

En la presumible última fase de su carrera estamos viendo al mejor Enrique Ponce. Su portentoso conocimiento del toro le ha deparado esa elegante naturalidad que solo han poseído los grandes de la tauromaquia. Su toreo de capa, antes un pelín manierista, ahora fluye con un poso sereno, asentado, y cuando sus lances, empapados de temple, reunen al toro en el centro de la suerte, con ese bello chispazo que enciende un ole alargado y paladeado en los tendidos. En Valencia ha toreado de capa Enrique con temple un excelso, capaz de cambiar embestidas remisas en viajes suaves y largos, como por verónicas a su primer toro, o de acoplar por delantales los informales y cortos trayectos de su segundo. Hacer, sentir y decir el toreo, eso ha hecho el capote de Ponce el día en que abrío su 35 Puerta Grande en el coso de la calle Xátiva.

Muleta en mano es un maestro infalible. No importa que el toro quiera o no quiera, que sus embestidas sean francas o aviesas, codiciosas o distraídas, con ritmo o torponas, a todas las transforma por su elección exacta de los terrenos, por su colocación perfecta y porque su temple contagia  de cadencia la violencia o la desgana, la torpeza o la viveza de cualquier toro. Yo, que he sido a veces crítico con esta gran figura, me quito el sombrero. Cortó las dos orejas de su segundo toro y debió cortar las dos de su primero, clamorosamente pedidas y que le negó neciamente el Palco.

Alejandro Talavante se las vio con dos toros tristes y sin bravura. Y desistió cuando había que desistir, algo ahora desusado pero propio de una cabal figura del toreo. Le anote un precioso quite por chicuelinas a un toro de Ponce. Por su parte, Paco Ureña se la jugó con su primero, un toro con genio defensivo, y se inmoló con su segundo, un asesino que le propinó una voltereta espeluznante, pero con el eximente de que el bicho le anunciaba en cada embestida. A esta prenda pregonada le cortó una merecida oreja.

La tarde fue intensa, brillante y dramática. Así la impusieron los toros Domingo Hernández, complicados y peligrosos, a los que debieron castigar más en varas.

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