EL JULI Y “ORGULLITO”, CUMBRES DEL TOREO Y LA BRAVURA

Sevilla, 16 de abril. Yo no sé si un diestro puede torear tan bien porque el toro embiste así de bien, o si el toro embiste tan bien porque el diestro torea así de bien. Al toro lo indultaron porque lo merecía, pero El Juli, como decía Bergamín, toreó más allá del bien y del mal. Apunten: con quietud, entrega, mando, temple, inspiración, profundidad, desparpajo, seriedad, naturalidad, pulso, compás y una suprema inteligencia ocultada por el arte.

La tauromaquia y la bravura que vemos todos los días son mediocres o buenas, medrosas o valerosas, y algunas veces alcanzan cotas de genialidad. Pero lo sucedido hoy en Sevilla rompe todas las fronteras. La lidia, método para seducir a las embestidas, y arte para transformarlas en un lenguaje poético, ha logrado el 16 de abril de 2018 romper una nueva frontera. No me apetece decir por qué ni en qué momentos de la grandiosa tarde julista. Quien no la haya visto y quiera comprobarlo, que busque imágenes, ya deben estar iluminando las redes en Internet.

Por lo demás, Enrique Ponce estuvo bien y Alejandro Talavante, regular, con toros ni buenos ni malos. Pero en estos momentos, terminada la corrida, yo solo veo torear a El Juli y embestir a “orgullito”, dos cumbres del toreo y la bravura

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