GARRIDO SE IMPONE AL PALCO Y A LA AFICIÓN

Sevilla, 18 de abril. Lo cierto es que José Garrido hizo una gran faena a su primer toro y que lo mató de una gran estocada, de la que el animal tardó en morir. Pero también es verdad que la petición de oreja pudo no ser mayoritaria -¿quién es capaz de contar los pañuelos?- y que la presidenta pudo reprimir su opinión y someterse a la tibieza del público. A mi modo de ver, la oreja era merecidísima. En consecuencia, y como es ya algo habitual en las plazas de primera categoría, Garrido obtuvo como compensación el trofeo de su segundo toro, aunque también éste fue muy merecido. En suma, el torero extremeño dio una magnífica tarde de toros. A su primero lo toreó, de capote y con la muleta, con garra y buen trazo, y a su segundo, con mando y mucho valor. En ambos demostró que es un joven espada con sitio propio en las ferias.

Sus compañeros de terna, el veterano Juan Bautista y el joven Lopez Simón, no tuvieron su tarde. No fueron capaces de acoplarse a embestidas que planteaban un dificil problema: cómo acompasar a toros poco picados, bravos y a la vez endebles, por tanto con desbordante y desigual movilidad. Fueron sus respectivas actuaciones tan voluntariosas como tristes.

En verdad, la corrida de El Pilar adoleció de una falta de vigor derivada de su estancia durante los tres últimos meses en un campo enfangado que los entumece e impide moverse y, probablemente, comer bien. Pero los ocho toros que salieron al ruedo –dos fueron expulsados por invalidez- tenían buen aire: fondo de bravura y clase en sus embestidas.

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