MANZANARES Y TALAVANTE, DOS GRANDES DEL TOREO

Sevilla, 17 de abril. La corrida de Núñez del Cuvillo fue brava pero falta de fuerza. Hubo dos toros, el 2º y el 3º, a los que su bravura les hizo superar su falta de vigor; y hubo cuatro en los que la falta de fondo vició, reprimió su más medida bravura. En consecuencia, los dos toros de triunfo nos permitieron disfrutar de un toreo grande, grande de verdad.

José María Manzanares dio una gran tarde. Con capote, muleta y espada. Siempre templado, siempre con majestad y gallardía, siempre con una naturalidad torerísma. Mecidas verónicaas de recibo, pellizcadas chicuelinas, redondos largos y majestuosos, ntaurales profundos, pases de pecho imperiales, rematados al hombro contrario, una estocada en la suerte de recibir, monumental, y otra al volapié, malograda porque el toro perdió las manos en el cruce. Cortó dos orejas a su primero y tuvo la Puerta del Príncipe en la mano.

Alejandro Talavante también debió cortar las dos a su primero, pero el presidente no lo quiso. Había estructurado una faena perfecta, que obligó a acompasarse y reunirse por bajo a un toro hasta entonces de embestida informal. Luego vino un toreo muy puro con la izquierda y la derecha, y muy inspirado para entrar y salir de las suertes, con cites y remates variados y toreros. Entró a matar o morir y cobró una estocada deefinitiva de la que salió cogido, afortunadamente sin mayores consecuencias. No entiendo por qué el presidente le negó la segunda oreja.

Sebastián Castella lo tuvo peor. Su primero era un toro a contraestilo, soso y noble, que hubiera necesitado un toreo con más chispa. Y su segundo, con embestidas defensivas, pedía una faena corta y a matar. Castella estuvo muy por encima de este peligroso animal.

En resumen, una buena tarde de toros, el “No hay billetes” en la taquilla, y la afición entusiasmada. La feria se ha puesto al rojo vivo.

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