¿QUÉ LES PASA A LOS TOROS?

Sevilla, 20 de abril. Tal vez sean los tres últimos meses del pasado invierno, de aguas mil y tierra enlodada, que los han entumecido y paralizado, sin ejercitarse desde enero; o puede que la las lluvias les impidan comer con regularidad. El caso es que en la Feria de abril sevillana, los toros se han caracterizado por una flojera próxima a la invalidez. Así, los de Juan Pedro Domecq, que también adolecieron de fuerza en Valencia, han frustrado, como ayer los de Jandilla, una corrida de la máxima expectación, lidada por Enrique Ponce, José María Manzanares y Ginés Marín. Frágiles como la porcelana y justos de casta, los ocho toros –dos fueron devueltos- pusieron a prueba la paciencia de la más paciente afición de España, que sólo fue compensada por la bravura, justa, la fuerza, justa, y la casta, justa, del segundo toro de la tarde. Lo aprovechó Manzanares con inteligencia y elegancia, dándole respiro entre tanda y tanda, midiéndole las alturas para que no se quebrase y no arrebatándole el trazo de los muletazos, no se fuera a derrumbar o a parar. Esta faena de muleta, así como los lances a la verónica, fueron los mejor de la tarde, junto a un breve y sublime quite por verónicas de Ginés Marín.

¿Qué les pasa a los toros de esta feria? En general son nobles, pero apuntan una bravura que no pueden demostrar: su falta de vigor es absoluta.

Comments are closed