LAS CLAVES DE SAN ISIDRO. ¿SON TOROS LOS NOVILLOS?

Madrid, 26 de mayo. Seis novillos de Fuente Ymbro. Marcos, Alejandro Gardel y Francisco de Manuel. Lo único que en Madrid diferencia a un novillo de un toro es la dimensión de sus cuernos. Salvo que Las Ventas acepta que los pitones del novillo estén más reunidos y sean menos largos que los exigidos al toro, el resto de sus características morfológicas, peso y envergadura, apenas difieren. Se argüirá que también los separa la edad, un año en cualquier plaza, apenas seis meses y a veces menos en Madrid, algo sustancial en pasados tiempos. Pero hoy, mejor nutrido y saneado al animal, son muchos los novillos con más trapío que muchos toros, y con un comportamiento similar.

Si a ello añadimos que, reducido el número de novilladas en casi todas las plazas de ciudades y pueblos, lo que impide a los futuros espadas presentarse ante el jurado de Las Ventas con el rodaje de los novilleros de antaño, se entenderá por qué la llamada primera plaza del mundo se ha convertido en un despeñadero de vocaciones.

Consecuentemente, los utreros de Fuente Ymbro, con más de 500 kilos y casta para regalar, comprenderémos por qué los tres novilleros por debajo de sus oponentes. Marcos evidenció solvencia técnica e impericia artística, lo que le impidió poner su destreza al servicio del toreo; Alejandro Gardel mostró un excelente trazo en el dibujo de su toreo y unas carencias taurómacas que le impidieron acoplar las embestidas a su voluntad; y Francisco de Manuel, con magníficas maneras, se sirvió de un meritorio valor para ganar la partida a sus encastados enemigos. Pudo abrir la Puerta Grande, pero el Palco fue con el novillero menos generoso que con los matadores. Siempre fue difícil la lucha del novillero, ahora lo es más que nunca. Los novillos se han hecho toros y las autoridades de la corrida se han convertido en inquisidores sin piedad.

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