MADRID, 5ª CORRIDA. HACIA EL TORO DE MIL KILOS

Los toros de Las Ramblas siempre fueron grandes. Pero cada año lo son más. Y tienen más cuernos. Habrá que actuar en consecuencia. Por ello propongo que estos toros los toreen jugadores de baloncesto, que los caballos tengan dos metros de alzada, que muletas y capotes dupliquen su medida y que su lidiador los mate con un estoque de tres metros. Así lograremos encontrar el equilibrio que la tauromaquia siempre ha exigido a la lidia.

Por lo demás, los toros de Las Ramblas, salvo el 4º y el 6º, fueron bravos, pero su bravura la frenaban sus hechuras, el ritmo de sus embestidas lo truncaba su desaforada romana y sospecho que sus pulmones eran insuficientes para oxigenar tanto cuerpo, por lo que cuando embestían en vez de pasar, duraban poco. A Juan del Álamo y a José Garrido no los vi, porque los taparon sus oponentes. A David Mora sí, pues terminó por lidiar un sobrero de José Cruz, bravo, muy armado y con muchísima clase, al que los toristas protestaron porque el pobre era fino de lámina como buen purasangre y solo pesaba 530 kilos. Por cierto sustituyó a un toro al que expulsaron por manso, lo que me induce a pensar que los presidentes de Las Ventas ignoran el reglamento cuando les apetece. En todo caso me siento incapaz de comentar esta corrida de toros alienígenas o provenientes del jurásico. Me limitaré a observar que a los toristas, profesionales y aficionados, les falta un hervor: si Las Ventas fuera un hipódromo y no una plaza, en su pista solo correrían percherones.

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