SAN ISIDRO, 18-5-18. LAS FIGURAS SALVARON LA CORRIDA

Toros de Jandilla. Juan José Padilla (despedida), Sebastián Castella y Roca Rey. Sebastián Castella es una veterana figura y Roca Rey, el último torero que ha alcanzado tal rango. Los dos, el francés y el peruano, salvaron la tarde. Con torería, con valor, con la autoridad privativa del torero/figura. Su respectiva maestría, esa que ahora los anquilosados aficionados solo otorgan a los toreros viejos, fue la llave que les permitió emocionar, levantar al público de sus asientos, ante toros muy bien presentados, nobles y bravos mientras embistieron, pero que se pararon pronto, faltos de fondo o justos de raza, o bien, altos de bravura y bajos de fuerza. Como quiera que sea, los dos discípulos de José Antonio Campuzano salvaron la tarde. ¡Qué difícil es torear parones, lucir medias embestidas, reconducir huídas! ¡Qué gratificante verificar que la voluntad torera se impone a las circunstancias más esquivas! Lo de Castella y Roca Rey fue una victoria ética y estética de dos figuras sobre el destino adverso de la tarde. Les acompañó Juan José Padilla, que se despedía de Madrid, fue recibido con una gran ovación y estuvo mal con los dos mejores toros del encierro de Jandilla. (A su segundo, el banderillero “Mambrú” lo toreó tanto en los dos primeros tercios, que apenas le quedó fuelle para el tercero. Asombroso).

Por supuesto, la gran mayoría de la plaza, compuesta por malos aficionados como el que suscribe, vio la corrida exactamente como yo. No así la minoría de buenos aficionados, que lo vio todo al revés. En esta ocasión, cuando los toros pedían el cruce y los toreros se cruzaban, el recurso no les gustaba. Y peor aún, cuando un picador picaba bien, aunque no pudiera picar bonito, pitaban y le decían “¡picador, qué malo eres!”. Uno se queda de piedra cuando tal insulto se dirige a un maestro como José Doblado. De los talibanes, políticos, religiosos o taurinos, líbranos Señor.

Foto: Sebastián Castella. Firma: Plaza 1.

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