SAN ISIDRO (1ª CORRIDA) EL TORO, PODEROSO MEDIUM

El toro es un animal misterioso. Tiene poderes psíquicos. Sugestiona a miles de espectadores a la vez. Los puede sumir en un estado de inquieta efervescencia, levantarles el ánimo, embriagarles, forzarles al análisis, o, por el contrario, hundirles en el tedio, adormecerles, irritarles…

Por supuesto, el torero es su cómplice o su contradictor. Puede afinar su bravura, compensar su mansurronería, o, por el contrario, ser vencido por una y otra. La corrida de La Quinta mostró las dos versiones. Contagió el tedio a los tendidos en su primera parte y los habría levantado el ánimo en la segunda si no hubiera sido porque los toreros ya estaban drogados por el miedo y la impotencia. El soso peligro de los “santacolomas”  infundía miedo en el ruedo y, a la par, adormecía al tendido. Por eso, el cauto y aseado toreo de Juan Bautista estuvo por debajo de la noble clase del cuarto toro (al que, eso sí, mató de una formidable estocada). Por eso, El Cid perdió los papeles ante la lista, indomeñable agresividad del quinto. Y por eso, a Morenito de Aranda, que se había mostrado valiente con su primero, se le nubló la vista con el peligrosísimo sexto toro.

¿Qué pasó con la corrida de La Quinta? Eso no lo sabe ni el ganadero. Pero yo tengo mi opinión: es muy difícil cambiar el fenotipo de un encaste y mantener su habitual comportamiento. Los “santacolomas” de hoy son más altos, tienen más cuernos, más morrillo, más culata y más fuerza, pero menos prontitud, fijeza y movilidad. Y el toro bajo de bravura que embiste despacio, piensa más. A mi me gustaban los “buendías” y los “gracilianos” de antaño, más finos de lámina, más reunidos y cornicortos de pitones, más vivaces y enclasados. Pero eran toros de trapío medio y pesaban en torno a los 450 kilos, algo inadmisible hoy día. Hoy, los ganaderos de este encaste son como criadores de galgos regordíos. No se les puede exigir que sus pupilos corran igual. El año pasado, la corrida de Rehuelga, desbarató lo que aquí se afirma. Mastines que embestían como galgos. ¿Fue un milagro? La de La Quinta nos ha demostrado que la moda del toro grande no puede contradecir a la naturaleza. El toro bravo siempre fue un bovino de tamaño chico. La penitencia, el tedio.

 

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