LAS CLAVES DE SAN ISIDRO. LA TAUROMAQUIA NO ES UNA COMPETICIÓN NACIONALISTA

Madrid, 31 de mayo. Corrida de las Seis Naciones. Seis toros de El Pilar. Juan Bautista (francés), Luis Bolivar (colombiano), Juan del Álamo (español), Joaquín Galdós (peruano), Luis David (mexicano) y Jesús Enrique Colombo (venezolano). Los toreros compiten por sus valores taurinos, no por representar a una tribu. A la gente le daría lo mismo que José Tomás fuera chino o Morante, finlandés. Pero los toreros sin fuste no interesan ni en su pueblo. No está mal la idea de reunir en un cartel a diestros de los seis países presentes en la feria de San Isidro para rubricar el carácter internacional del ciclo, aunque habría sido más adecuado elegir a los consagrados.

Como se hacía en la ciudad de México antiguamente, con la Corrida de la Oreja de Oro, que concitaba a los triunfadores de la temporada. Creo que hasta la llegada de Manolete las figuras aceptaban con encomiable fair play la eventualidad de que un torero menor o nuevo les robara el áureo trofeo. Entonces se sabía quién era quién en el toreo y también que entre los grandes suele triunfar el diestro con mejor suerte en el sorteo.

Por lo demás, esta tarde los toros de El Pilar se aseguraron de que ninguno saliera premiado. Mansos, aunque hoy los mansos cumplen en varas, en el mejor de los casos continuaron su lidia con embestidas inerciales, en el peor con acometidas y derrotes violentos. Además eran mirones antes de embestir y mientras embestían, y algunos fueron aplaudidos en el arrastre porque se movieron. Y sí, se movieron, pero no embistieron. Los toreros, buenos chicos, los trataron bien, se los dejaron crudos en varas para no disuadir sus cobardonas embestidas, sobre todo Juan Bautista y Luis Bolivar, lo que éste pagó con una cornada. Entre los seis que estoquearon esta fea, grandullona y muy armada corrida que parecía una limpieza de corrales, me gustaron los dos más jóvenes, Luis David y Colombo, a los que deseo una larga vida como matadores de toros y no como los matagalafates en que Las Ventas convierte hoy a los toreros.

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