LAS CLAVES DE SAN ISIDRO. REJONEAR Y/O CLAVAR

Madrid, 2 de junio. Seis toros de San Pelayo, San Mateo, Carmen Lorenzo y Pedro y Verónica Gutiérrez Lorenzo. Pablo Hermoso de Mendoza, Sergio Galán y Lea Vicens. Antes los rejoneadores clavaban. Y para hacerlo con pureza, de frente a la embestida y clavando al estribo, tenían que torear. Pero este era un toreo oculto, que solo veían los buenos aficionados. Hoy, los rejoneadores, los buenos, clavan y torean dentro y fuera de la suerte. Los mediocres se adornan antes de clavar, unas veces bien, casi siempre mal, y después vuelven a los alardes o a mesarse los cabellos.

Unos y otros gustan por igual al público de rejones. Un público bueno, pelín banal, que premia con oreja cualquier faena si el caballero mata a la primera, no importa cómo, y olvida hasta el aplauso si no ha sido así, aunque haya hecho un faenón. Por eso, los tres toreros recibieron igual premio. Pero la faena de Hermoso de Mendoza a su segundo toro fue deslumbrante, muy pura en la ejecución de las suertes, fascinante en el toreo a dos pistas y “Labrit” casi se asomó al balcón en el rejón de muerte. Por lo demás, interesantes los cites en corto de Sergio Galán con “Apolo”, y gratificante la simpatía y la belleza de Lea Vicens.

Cuando regrese el toro-no-preparado-para-rejones, o sea el que se lidiaba cuando Pablo se proclamó el número uno, cada rejoneador volverá a su sitio, y los aficionados, los que siguieron primero a Moura y luego a Pablo, volverán al tendido.

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