MADRID, 3 DE JUNIO. MIURAS PARA VER Y NO TOREAR

Seis toros de Miura. Rafaelillo, Pepe Moral y Román. Si los melómanos fueran como los aficionados a los toros exigirían, por ejemplo a Sir Simon Rattle, que interpretara a Malher con la banda de mi pueblo y no con la Filarmónica de Berlín… a ver si es tan buen músico. En este corral, la fiesta de toros, tan lleno de tontos, los únicos sensatos son los toreros, pues son los únicos que exigen cuando pueden, o piden cuando no pueden, ganaderías bravas, bravura que suene, toros que embistan.

Digo esto porque la plaza se llenó para ver la de Miura. Y vió que los “miuras” eran altos, zancudos, de patas largas, larguísimas, impropias para embestir con ritmo, y que también eran largos, de  larga pero quebrada viga, algunos destartalados, con cuernos que no caben en la muleta y a los que debe citarse siempre por fuera y a pitón contrario. Además, constató lo que llevaban dentro: mansedumbre, embestidas defensivas, descompuestas y reflexivas, más pendientes del hombre que de sus engaños, o sea cortas y violentas, reponedoras y haciendo hilo, y siempre rematando a los cielos. Es decir las de un toro para el buen aficionado de Madrid. A quien, paradójicamente, no gustan las agalgadas hechuras miureñas: toros recogidos de badana, de largo y fino cuello, cariavacado a pesar de sus largos pitones. Por eso protestó un par de los autobuses que llegaron de Zaheriche. Pero el resto, verbigracia la gente, el público que llenó la plaza, no sabía lo que iba a ver. Fue al reclamo del antiguo prestigio letal de la divisa y la supuesta autenticidad de la Fiesta. Cosas.

Los toreros estuvieron bien. Les pitaron cuando los toros embestían mal y los pasaban de muleta como hace ciento cincuenta años. Y les aplaudieron cuando, a pesar de todo, les hicieron embestir. Rafaelillo debe dar gracias de estar vivo; Pepe Moral paró, templó y mandó a su primero, un incierto buen “miura”, y si lo mata, corta oreja; y Román le dio una serie de naturales, corta eso sí, impensable con el toro que tenía delante. No entiendo cómo la empresa, que apodera a este joven torero, prometedor y recién salido de dos cornadas, lo puso con los “miuras”. Pero es disculpable mi incomprensión, hay días que en la plaza de Las Ventas no se entiende nada.

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