MADRID, 4 DE JUNIO. UNA MORUCHADA IMPRESENTABLE

Seis toros de Saltillo. Octavio Chacón, Esaú Fernández y Sebastián Ritter. Me parece riguroso que los toros de Saltillo tuvieran el trapío que les es propio, pero si cualquier ganadería de las lidiadas en San Isidro hubiesen presentado ejemplares con ese volumen y esos cuernos, los aficionados puristas de Las Ventas habrían quemado la plaza.

Me parece bien que Octavio Chacón sujetara su primer toro con torerísimos lances sobre los pies, en los que el toro no pasó ni una vez y que la plaza le ovacionara. No me sorprendió que aquel manso-topón embistiera de largo al caballo, pero sí que lo empujara. ¿Era manso? No, pero sí mansurrón, como demostró en la muleta: pasaba a su aire en tandas de tres redondos que envolvían magistralmente su cara alta, noble pero  sin embestir, sin querer atrapar la tela; y no pasaba, recortaba a la defensiva por el pitón izquierdo. Pues bien, a este toro se le ha dado en Madrid la vuelta al ruedo. Cero en afición.

Me parece encomiable que por fin la plaza de Las Ventas no pida a gritos la devolución de un manso, pero me asombra que se respetaran en silencio las huídas, parones, topadas de los cinco mostrencos restantes. El Tendido 7 y sus pequeñas sucursales no son equitativos.

Me parece que la moruchada de Saltillo planteó una cuestión interesante. ¿Puede un manso embestir al caballo? De un modo u otro, todos los hicieron. Otra cosa fue lo que pasó cuando estaban dentro de la suerte: varios volvieron grupas, alguno a coces; otros empujaron buscando la salida que les tapaba el picador; otros, los que acudían como bravos, lo que hacían es apretar a los adentros, como mansos. Respuesta a la cuestión: sí, un manso de raza brava puede embestir al caballo. Pero la bravura termina de verse en los capotes y muletas. Y ahí, todos, absolutamente todos los toros, toparon… al hombre, no a las telas que los citaban.

¿Cómo reaccionaron los toreros ante estos toros de calle y media casta? Octavio Chacón, con maestría; Esaú Fernández, a la deriva; y Sebastián Ritter, con un valor y una firmeza impresionantes. Tres damnificados a los que la empresa debe programar ya con una corrida de casta brava.

Las cuadrillas, picadores –a los que pitaron y abuchearon- y bregadores, estuvieron bien. Con los palos no se pudo banderillear, ningún toro se dejó.

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