MADRID, 7 DE JUNIO. DESAFÍO SIN SENTIDO Y ESPERANZA ROTA

Tres toros de Rehuelga, dos de Pallarés y uno (sobrero) de José Luis Marca. Iván Vicente, Javier Cortés y Javier Jiménez. ¿Por qué se desafiaban Rehuelga y Pallarés, si todo se queda en casa… o en el encaste? ¿Por qué no enfrentar “Santacoloma” a “Saltillo”, “Albaserrada” a “Núñez”, “Atanasio” a “Domecq”? O mejor, ¿por qué no olvidar desafíos entre toros, puesto que el argumento de las corridas consiste en el desafío del hombre al toro? El torismo, o sea dar el protagonismo de la corrida al toro, es un desvarío conceptual. Por dos razones: primera,  el toreo lo engendra el torero, lo que explica el protagonismo del hombre en la lidia; y segunda, en consecuencia la gente solo llena la plaza cuando le interesan los toreros. Por eso, solo se cubrió algo más de medio aforo.

Se dirá que el torismo no pretende rebajar la jerarquía humana en el espectáculo de la lidia, sino reivindicar la presencia en el ruedo del llamado toro-toro. Y es cierto, pero desde hace tiempo, el toro de más  bravura y seriedad ha sido el perteneciente a las llamadas ganaderías comerciales, el denostado toro de las figuras, el protestado por los toristas que sin embargo perdonan las mermas de trapío y juego de las consideradas ganaderías duras, como ha sucedido este San Isidro. Confiemos que los “albaserradas” de Adolfo y Victorino Martín nos rediman del infame ciclo torista de la Feria.

Pero si todo esto es cierto, también lo es que la tauromaquia no permite leyes exactas. Por ejemplo, en esta corrida de desafío entre “santacolomas”, un buey bronco y manso, de origen “Jandilla” y con el hierro de Marca, puso la nota amarga de la tarde. Mandó a la enfermería a una firme promesa, Javier Cortés, sin ofrecerle una sola embestida, como tampoco se la ofreció su primer toro. Pero miren ustedes por donde, y para contradecir cuanto he dicho, dos buenos “santacolomas” invalidan parte de mi argumento: uno fue para Iván Vicente, que lo desaprovechó aunque dio muletazos de cartel, y otro para Javier Jiménez, con una nobleza a la que el joven diestro respondió con un toreo de correcto trazo y expresión mecánica.

En todo caso es inobjetable que el desafío torista no tuvo sentido y que se rompió una esperanza, la de Javier Cortés, quien merece una verdadera oportunidad en esta plaza.

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