VICTORINOS SIN CELO

Bonito dia soleado en estos primeros compases del otoño, todo estaba listo para rendirle homenaje en Mont-de-Marsan a Victorino padre. Se conmemoró la celebre « Corrida del siglo », celebrada en Madrid el 1 de junio de 1982, con la presencia de los principales protagonistas : un Ruiz Miguel alegre y entusiasta de reencontrarse con la afición de Las Landas, un elegante y esbelto José Luis Palomar y Victorino Martín hijo. Unicamente faltó a la cita Luis Francisco Esplá. El acto se celebró en presencia de un gran número de aficionados y de personalidades taurinas en el mítico bar « La Tumade » de la plaza de toros del Plumaçon.

galeria fotos Bruno Lasnier

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Por la tarde, mas de dos tercios de plaza para asistir a una corrida de Victorino áspera y a la defensiva. De presentación desigual, tanto de trapío como de cornamenta, hubo un poco de todo pero faltó lo esencial : ese toro de Victorino que humilla por bajo y que al mismo tiempo pide el carnet.

Emilio de Justo llegó a la plaza en un contexto personal dificil. Su padre acababa de fallecer esa misma mañana tras una larga enfermedad y pese a ello el torero decidió hacer el paseo. Brindó su primer toro al cielo. Tres series de la mano derecha, la primera de ajuste, las dos siguientes de mayor acople y con sentimiento. Pero al coger la zurda, en el primer natural, el toro fue por él, sin darle la mínima opción, lo levantó del suelo infiriéndole dos cornadas en el muslo izquierdo. De Justo pasó a la enfermería pero no quiso irse de la plaza sin haber matado al toro. Lo hizo, de una estocada ligeramente desprendida y obviamente nadie protestó una oreja pagada a un alto precio.

La actuación de Emilio fue lo mas relevante de una tarde en la que a los Victorinos les faltó, incluso  cuando se desplazaron. Ese fue el caso del toro que lidió Emilio de Justo, como del cuarto y el sexto que correspondieron a Luis Bolivar. Toros con un peligro sordo, sin transmisión ante los cuales el colombiano se mostró solvente, profesional, pero también precavido, por lo que no llegaron sus trasteos a las gradas. Pese a ello les recetó algunos buenos muletazos. Juan Leal no tuvo practicamente opciones para lucirse. Se mostró tesonero, insisente en faenas que alargó en demasía.

No se vio toreo de capa, a la excepción de una media verónica de De Justo. Señales que se inició con un toro de Victorino en corrida landesa y los quiebros y saltos fueron muy celebrados por el público.

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