ROCA REY Y PABLO AGUADO, LA RENOVACION

Dos sucesos y un punto de inflexión: el peruano y el sevillano,la nueva frontera del toreo. La tauromaquia del futuro, encarnada por Roca Rey, y la tauromaquia del arte, del pasado, el presente y el futuro, en las manos de Aguado. Las dos enloquecieron a la Maestranza: al toreo más cabal no le responde el entusiasmo sino la catarsis.

Tres excepciones que confirman la vigencia de las figuras consagradas: el toreo de Morante, insuperable con seis toros a contraestilo. el de El Juli, que aúna poder, arte y donaire, y el de Perera, profundo y purísimo.

Y una resaca, la del sábado de feria, que impidió ver las buenas lidias de El Fandi y de Antonio Ferrera. así como la primera buena faena de López Simón, infravalorada por el público y la presidencia. Disculpemos a la Maestranza, porque ese día los aficionados se quedaron en el ferial y el público que pobló los tendidos estaba compuesto por turistas de su propio país.

En resumen, una feria excepcional en la que destacó la corrida de Jandilla, noble, brava y encastada; la de Santiago Domecq, ídem de ídem, y la de Fuente Ymbro, con tres toros paradigmáticos. ¡Maldito encaste Domecq! Su reverso fue la corrida de Miura, alta, grande.floja: seis toros y ni una embestida,

Las cuadrillas, a pie y a caballo, brillaron a gran altura. Todas las tardes.

¿Quién ha dicho que la tauromaquia está en decadencia?

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