SAN ISIDRO CORRIDA 5 : UN GENIO DEL ARTE

Así es Pablo Aguado: un genio del arte de torear. Para el tiempo, adormece la embestida, embriaga el temple, conmueve los corazones.. Con naturalidad. Es el arte sin por qué, la tauromaquia (técnica del toreo) oculta, la expresión resplandeciente: cadencia, mando que no manda, sentimiento sometido al compás, ebriedad lúcida. Así es Pablo Aguado: el torero soñado.

Ha surgido en un tiempo taurino alterado por el toro a contraestilo: alto, gordísimo, con pitones que no caben en la muleta: un toro bravo y noble que desarticula sus embestidas o las frena o las acorta o las envicia porque no puede mover tanto tonelaje. Por eso le cogió un informal sobrero de Luis Algarra. Por eso su faena al de Montalvo, corrido en sexto lugar, fue tan corta como intensa. No le cortó orejas porque mató mal. Pero la plaza de Madrid vibró, sintió el toreo como nunca lo había hecho. Sus «oles», rotundos, sacudidos por la sorpresa, embriagados por el temple, rociaban, besaban el toreo, su magia blanca, su naturalidad sin adjetivos, su gracia no graciosa, su arte. Hacía tiempo que no salía un torero de Las Ventas envuelto en una ovación tan rendida a un torero.

Ginés Marín cortó una merecida oreja. Y a Luis David se la negaron injustamente, después de haber toreado al natural como los ángeles a un toro bravo, noble, de embestidas enclasadas, larguísimas y templadas. Fue el toro de la tarde y quizá de la feria, Enhorabuena al ganadero de Montalvo, José Ignacio Pérez-Tabernero. Si a sus toros les hubieran quitado cien kilos, su bravura habría sido apoteósica.

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