SAN ISIDRO 15 : APOTEOSIS DE ANTONIO FERRERA

¿Toreo añejo? ¿Toreo innovador? No, toreo eterno, el de un maestro emplazado más allá de lo viejo y lo nuevo. Sus quites tienen aroma antiguo porque saca al toro del caballo, no pide el auxilio de un subalterno.

De su repertorio saca suertes en desuso. Hoy, el quite de oro inventado por el mexicano Pepe Ortiz, que liga las viejas aragonesas -chicuelinas invertidas, a la antigua-. Pero su concepto, o sea el trazo de las suertes, es moderno, vertical en la composición de la figura y deslizante por el buen manejo de los brazos y las muñecas.

Su primera faena a un bravo y excepcional toro de Zalduendo. fue una cumbre del toreo. Su manera de matarlo a recibir a diez metros de distancia -el toro, tras la larga faena, ya no se cuadraba-, insólita y deslumbrante. La plaza pidió para el inspirado maestro las dos orejas. El presidente concedió una y el torero hubo de dar dos vueltas al ruedo. El Palco  compensó su Injusto error con la concesión del doble premio tras su faena al cuarto de la tarde, un toro bronco, poco apto para el toreo, del que Ferrera, por colocación valor y listeza terminó sacando largas e impensables embestidas. Y es que el buen toreo obra milagros. El gran toerero salió a hombros por la Puerta Grande.

A Curro Díaz, que estuvo magistral, no le embistió un toro. El primero, por bronco y manso, y su segundo, por manso y huido. Fue muy aplaudido. Y Luis David Adame también tuvo el santo de espaldas. Dos toros igualmente deslucidos. El que cerró plaza, muy violento, le cogió de manera espectacular y cuando escribo estas líneas no conozco el alcance de las lesiones que le produjo.

La corrida de Zalduendo lució divisa negra por la reciente muerte de Fernando Domecq, fundador de la ganadería. Los toros, grandes, cornalones, cinqueños y pasados de romana, embistieron, excepto el primero, como presagiaban sus hechuras: mal.

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