SAN ISIDRO 16 : EL ANTI TORO BRAVO

Altos como caballos holandeses, gordos como elefantes, con cuernos como ciervos. Así eran los toros de Las Ramblas. Naturalmente, galopaban feo, sin ritmo, sin gracia, como gigantes. Y, lógico, no podían embestir en redondo por su desmesurada anchura. Con sus larguísimos y separados cuernos cuernos no acometían con el cuerpo, sino por un pitón u otro, por separado. Hacían lo que su atípica morfología les había acostumbrado.

En el caballo peleaban con un solo pitón y respondían al cite de los toreros cazando moscas. Además, lo hacían desmotivados, siempre derrotando, nunca embistiendo. Parecían bovinos estabulados, desorientados a campo abierto.

La gente los aplaudió de entrada -en Madrid ya no se sabe lo que es el trapío- y los pitaron de salida -en el fondo, se recuerda lo que es la bravura-. Lo paradójico es que procedían del encaste Domecq, via Slvador Domecq y Díez, criador de toros bravos y fina estampa. ¡Qué estropicio, Señor! Los tres mártires que los lidiaron se llamaban Morenito de Aranda, Juan del Álamo y Tomás Campos, que se la jugaron sin opciones. Les acompañamos en el sentimiento.

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