SAN ISIDRO 17 : GINES MARIN Y UN TORO DE DOMINGO HERNANDEZ

Por supuesto, lo protestaron de salida. Solo pesaba 525 kilos. Además, era bajo y muy reunido, con hechuras perfectas. Pero embestía como un rayo. Y con clase. Y con casta. Ginés lo vio al instante y le endilgó una verónicas excelsas, sinceridad en el cite, pellizco en el embroque y temple desmayado hasta el remate. Acosó el bravo al caballo, fue alegre y franco en banderillas, y en la muleta hizo el avión, humillaba y tomaba las curvas del toreo en redondo como un ciclista embalado.

Pero Marín lo templó, lo imantó a su mando lento y maravilloso, Faenón de dos orejas. El presidente le dio una porque esperó hasta que le ataron a las mulas y no cabía ya la segunda. Y con el sexto, otro bravo, otra gran faena. Y esta vez el presidente no le concedió ninguna, a pesar de la mayoritaria petición. ¿Por qué incumplen los presidentes de Madrid el reglamento que deben respetar? Por seriedad, una seriedad sinónima de la estupidez. En compensación, Ginés dio dos vueltas al ruedo.

Con Ginés Marín actuaron Sebastián Castella y Álvaro Lorenzo, que se enfrentaron a cuatro toros deslucidos y cumplieron con su obligación, la de matarlos.

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