SAN ISIDRO 19 : MANSOS Y TOREO INVISIBLE

La corrida de Alcurrucén fue mansa de solemnidad. Pero se movió y, por tanto, se salvó. Lógico, la gente confunde embestida y movilidad.

La primera consiste en perseguir el engaño y la segunda en pasar por allí. Pero como los mansos tenían cuernos muy grandes, poderoso cuerpo y la edad en la boca, era muy meritorio torearlos.

Antonio Ferrera, Diego Urdiales y Ginés Marín lo hicieron con maestría y valor sin que el público se diera mucha cuenta. Hubo una faena sensacional e invisible de Urdiales al quinto toro de la tarde. Madrid no la vio. Madrid está taurinamente ciega.

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