VALENCIA, 6ª CORRIDA DE FALLAS. LA FERIA DE ENRIQUE PONCELA FERIA DE ENRIQUE PONCE

Después de su memorable triunfo, Enrique Ponce aceptó sustituir a Cayetano, lesionado, para torear la corrida de Juan Pedro Domecq. Y el maestro volvió a abrir la Puerta Grande. A los 28 años de alternativa, no está mal. Pero más allá de la apoteosis, lo relevante fue cómo Enrique toreó de muleta a su segundo toro, un animal con la embestida de cristal, siempre a punto de quebrarse pero que en manos del valenciano se prestó a una coreografía irreal, a un toreo de inverosimil cadencia, reunión y ligazón. Nadie podría haber toreado este toro con el temple tan dormido, el mando tan escondido, la naturalidad tan despierta. Fue una faena lúcidamente ebria que sumergió al torero, al toro y a la plaza en un tiempo extático, iluminado, más allá de esa fuerte realidad física donde sucede el toreo. A pesar de la inmensa faena de Roca-Rey en días pasados, la más sísmica de todo el ciclo, estas Fallas tienen un triunfador indiscutible, el maestro de Chiva.

Toda la tarde tuvo interés gracias a los toreros. Pero su nivel bordeó lo intrascendente por culpa de los toros de Juan Pedro, todos con una bravura potencial que nunca pudo expresarse porque eran más blandos que un merengue –a dos inválidos los expulsaron del ruedo-, no sé si por causas genéticas o porque su dieta alimentacia les daparó más grasa que vigor. Miguel Ángel Perera, demasiado torero para tan anémicas embestidas, estuvo bien, hizo cosas importantes, pero sus toros, blandos, ingenuos e incapaces robaron al toreo su fondo más cabal: la emoción. El público, ecuánime, agradeció la torería sin toro de este gran torero.

Sin embargo, López-Simón fue capaz de corta una oreja a cada uno de sus intrascendentes astados. Lo ví mejor que otros años, manejando con más soltura las telas, pero, personalmente, no me dijo nada.

No obstante, la corrida fue entretenida, y sublime en el toro al que Ponce le hizo un toreo más onírico que real.

Por otra parte, subrayo que el señor Casas está echando una gran feria. A pesar del sordo boicot municipal, que quiso impedir la transmisión de las corridas, de los equipos veterinarios, que sin criterio rechazaron toros por docenas, y de los presidentes, que robaron merecidas orejas a los espadas, no fuera a pensarse que hoy la tauromaquia funciona, las corridas de Fallas de 2018 están siendo una gran espectáculo. Chapeau, M. Casas.

Valence, sixième corrida de Fallas. Après son mémorable triomphe de la veille, Enrique Ponce accepta de remplacer Cayetano, blessé, pour toréer la corrida de Juan Pedro Domecq. Et le maestro ouvrit une nouvelle fois la Grande Porte. Après vingt-huit ans d’alternative, c’est exceptionnel. Mais au-delà de l’apothéose, le plus remarquable fut le toreo d’Enrique à la muleta à son second toro qui avait une charge de cristal, toujours prête à se briser mais qui entre les mains du Valencien se prêta à une chorégraphie irréelle, à un toreo d’une invraisemblable cadence, réunie et enchaînée. Personne n’aurait pu toréer ce taureau avec un temple si languissant, un pouvoir si caché, un naturel si éveillé. Ce fut une faena lucidement enivrante qui plongea le torero, le taureau et les arènes dans un temps extatique, illuminé, au-delà de cette forte réalité physique où se produit le toreo. Malgré l’immense faena de Roca Rey quelques jours auparavant, la plus sismique de tout le cycle, cette feria des Fallas a un triomphateur indiscutable, le maestro de Chiva.

Tout la corrida a été intéressante grâce aux toreros. Mais son niveau a parfois frôlé le superficiel à cause des taureaux de Juan Pedro, tous avec un potentiel de bravoure qu’ils n’ont jamais pu exprimer car ils étaient plus faibles qu’une meringue -on a expulsé deux invalides des arènes- je ne sais pas si pour des raisons génétiques ou à cause de leur diète alimentaire qui leur procure plus de graisse que de vigueur. Miguel Angel Perera, trop torero pour des charges si anémiques, a été bien, il a fait des choses relevées, mais ses deux toros faibles, ingénus et incapables, volèrent à la tauromachie ce qu’elle a au fond d’elle-même : l’émotion. Le public, équitable, remercia la toreria sans toro de ce grand torero.

Cependant, López Simón fut capable de couper une oreille à chacun de ses deux cornus sans substance. Je l’ai vu mieux que d’autres années, maniant les toiles avec plus d’aisance, mais, personnellement, il ne m’a rien fait ressentir.

Malgré tout, la corrida fut divertissante, et sublime quand Ponce parvint à réaliser un toreo plus onirique que réel.

D’un autre côté, je tiens à souligner que monsieur Casas a organisé une grande feria. Malgré le sourd boycott municipal qui voulut empêcher la transmission des corridas, des équipes de vétérinaires, qui sans critères valables ont refusé des toros par dizaines, et des présidences, qui ont volé des oreilles méritées aux toreros, comme s’ils tenaient à ce qu’on ne puisse penser que la corrida pouvait de nos jours être un triomphe, les corridas de Fallas ont procuré un grand spectacle. Chapeau monsieur Casas.

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